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sábado, 20 de enero de 2018

Palafito (Sergio Mansilla)


                                                                                                                                                        Isla Mechuque, Chiloé, 2018




Palafito

Aquí ha comenzado un viaje. Lentos efluvios
de espuma hay en los sueños.

Lejanos gritos de ahogados hacen
abrir los ojos a toda la familia
en lo más recio de la noche.

Las mareas una y otra vez
van y vienen y terminarán inevitablemente
gastando los fundamentos;
mas nadie ha de morir. Aquí ha comenzado un viaje
cuyo destino desconocemos;
pero nadie saldrá nunca
de esta casa: en cualquier parte que estés
siempre verás estas ventanas con barrotes de madera,
el piso manchado de barro y sal;
te sentarás con los conocidos brujos que sienten
miedo por las agujas en cruz,
y la eterna siempre eterna lluvia sobre el techo.

Ahogados muy distantes me llaman en la noche:
hacia ellos voy, fatigado
y huesudo de pocos huesos;
una avara esperanza llevo sobre 
los campos que tiemblan de temor.

Un violento instante me tumba
sobre la espuma, y mi alma
al sereno palidece y queda
una blancura de sal que llama y llama
desde el fondo más terrible del mar.



                                Museo Paulino - Mechuque, Chiloé, 2018.



Tejendera envuelta en nubes

Hilé  mis lanas para tejer todo el universo en los quelgos de Dios: toda mi vida me la pasé arrollada tejiendo para los ricos y me enfermé de reumatismo y de várices. Crecieron los hijos y mi viejo y yo hemos venido a quedar solos en esta inmensa casa que se llueve.

Pienso en ti, marido mío, cuando toses: estás hermoso como un barco que tiene todas sus luces encendidas en la noche.

Pienso ahora en la tierra que nos llama. ¿Por qué no vienes muerte anónima, a cortar el trigo que nos quedó en el rastrojo porque ya no tuvimos fuerzas?

Pido que alguien anuncie la misa que, a media noche, cantarán los gallos.








Sergio Hernán Mansilla Torres (Achao, 1958) es un poeta y profesor chileno vinculado al movimiento cultural Aumen de Chiloé y al Grupo Indice de Valdivia.
Publicó entre otros:
Noche de agua (1986).
El sol y los acorralados danzantes (1991).
En libre plática. Propuestas de lectura sobre una cierta zona de la poesía chilena. Aproximaciones a la poesía de Jorge Torres (1994).
De la huella sin pie (1995).
La poesía como experiencia de lenguaje y libertad creadora. Módulo de Poesía (1998).
Abrazo austral. Poesía del sur de Argentina y Chile (2000), en colaboración con María Eugenia Correas.
Respirar en el desfiladero (2000).
De la huella sin pie (2000).
El paraíso vedado. Ensayos sobre poesía chilena del contragolpe 1975-1995 (2002, 2010).
La enseñanza de la literatura como práctica de liberación (Hacia una epistemología crítica de la literatura) (2003).


Yo, piedra (Rosabetty Muñoz)




Recuerdo exactamente el día en que encontré la piedra escondida debajo de un montón de lamilla en la playa. Estaba cubierta de una capa oscura, algo viscosa que me llevé a la nariz como si fuera el mar entero en el hueco de mi mano. Y yo tuve la culpa de rasparla hasta sacarle brillo. Enseguida se hizo una reunión en la escuela para instalar el motor de la luz eléctrica. Yo no sabía lo que podía provocar la piedra así es que la andaba trayendo en el bolsillo mi delantal y cuando estaba sola, me gustaba sacarla y pasarle un paño hasta que despedía unos destellos luminosos. Así, cada vez fue llegando el retén de carabineros, la lancha grande del maestro Ciro, la ampliación de la escuela. Cuando me di cuenta de los poderes de la piedra, mis vestidos me quedaban chicos, casi toda la gente andaba con zapatos y muchos jóvenes se habían ido para siempre de la isla. Entonces, tomé el ágata maravillosa -ojitos de gato- y la envolví en un trapo negro, después la metí debajo de una tabla suelta del piso, pero ya era tarde. Su efecto se había desatado y, por inercia, la velocidad del tiempo ya no paró más.

de Polvo de huesos,Santiago: Ediciones Tacitas, 2012.

***


No se crían hijos para verlos morir

Cuando el mar se llevó a sus tres hijos
ella estaba acodada en la puerta de
su casa, pensando en ollas aladas y repletas.
De pronto cayó en un vacío del que surgió
vieja y encorvada. No necesitó entrar para
vestirse de negro. Ya estaba recogiendo flores
cuando salió su hombre con la radio en la 
mano, desamparado y tembloroso.

Ella es una sábana flotando sobre nosotros.
Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.
Desde su vientre deshabitado
los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.
La ansiedad es un arrecife
donde acerados corales hieren los cuerpos amados.
Sin hijos bajo sus ojos
quisiéramos las madres
ofrecerle un trozo de pañal
para vendar sus muñones o un arca
donde recoger los salados restos.

de Hijos. Valdivia : El Kultrún, 1991.








Rosabetty Muñoz (Ancud, Chile, 1960)
Poeta y profesora de filosofía chilena. 
 Algunas de sus obras: 
Canto de una oveja del rebaño, El Kultrún, Valdivia, 1981 (2ª ed.: Ariel, Santiago, 1994)
En lugar de morir, editorial Cambio, 1987
Hijos, El Kultrún, Valdivia, 1991
Baile de señoritas, El Kultrún, Valdivia, 1994
La santa, historia de una su elevación, LOM, Santiago, 1998;
Sombras en El Rosselot, LOM, Santiago, 2002;
En nombre de ninguna, El Kultrún, Valdivia, 2008
Polvo de huesos, antología elaborada por Kurt Folch; Ediciones Tácitas, Santiago, 2012




viernes, 19 de enero de 2018

Conversación en la casa del águila (Jaime Luis Huenún)












Rucañanco es ahora Freire, un pueblo de cinco mil habitantes con una plaza de árboles extranjeros en su corazón.
El que fuera un pequeño fuerte militar, fundado por el coronel Gregorio Urrutia el 7 de diciembre de 1882 durante la Pacificación de la Araucanía, dio origen dos años después a un caserío levantado frente al aserradero del alemán Juan Schlayer, uno de los primeros colonos que explotó la cerrada y fría selva india de La Frontera.
Los dos millones de hectáreas de bosques nativos existentes en aquel entonces, hicieron que se conociera esta zona como la "California de la madera". Pero aquella fortuna vegetal pronto desapareció transformada en vigas, tablas, muebles de lujo o simplemente cenizas. El fuego alzado que los hombres del progreso usaban para allanar terrenos, vaporizó vertientes y quemó torcazas y coipos en las tierras de Rucañanco.
Sólo el río Toltén, fragante y correntoso, detenía el avance de las llamas.
Pequeñas comunidades sobreviven todavía en las estrechas hijuelas gredosas que sus actuales habitantes nombran Huilío, Pelleco, Lolén, Traitraico, Ineicúe, Pindaco, El Lliuco, Calfuco, Guiñimo.
Los nombres mapuche se pierden bajo tierra, pero respiran de pronto en mitad de los delgados y turbios esteros escondidos. Traducidos del mapudungun al español significan, quizás oscuramente, "agua de cascada", "agua de picaflor", "agua azul".
Allí, en las acorraladas reducciones, la niña morena sueña con la abuela difunta y mira culebras aparearse a orillas del arroyo. Guairaos, treiles y lechuzas cruzan el cielo del atardecer. Choroyes, garzas y bandurrias buscan su comida en los potreros y en el quilantal.
Los mayores recuerdan la lengua de los perdidos pájaros bebiendo chicha de manzana y cajas de pulco, el vino que aletarga y entristece.
Para mantener la fecundidad de las semillas, cada año celebran nguillatún, el ceremonial donde bailan la danza de nubes y comen un caballo faenado frente al rehue.
La sangre animal enrojece al sol que cae tras el árbol del mundo y alarga las raíces de los bosques hacia las aguas profundas. La ofrenda humana - el cansancio, la vigilia y el baile-buscan en el cielo su destino: los ojos y los oídos de Nguenechén, la divinidad mapuche que después de 120 años de derrota aún pervive confundida entre el credo católico y el protestante.
Los niños, en tanto, acuden a la escuela a escribir el sol en castellano. En medio del camino escuchan el canto del chucao y contemplan, silenciosos, el vuelo del cernícalo en el monte. Mañana, sin embargo, viajarán a la ciudad.
Hablarán allá de los abuelos que contaban, sin apuro, sus visiones y sus sueños frente al fuego y la neblina del amanecer.

en Reducciones, Santiago : Lom ediciones, 2012.





Jaime Luis Huenún (Valdivia, 1967) 
Ha publicado:
Ceremonias ( poesía,ed. U. de Santiago, 1999) ,Puerto Trakl ( poesía, Lom Ediciones,2001),
El Pozo Negro y otros relatos mapuches ( Pewma, Ediciones,Freire 2000)
Viaje a la memoria ancestral, relatos mapuches ( Temuco, 2002)
Epu mariülkantufe ta fachantü/ 20 poetas mapuches contemporáneos ( antología, Lom Ediciones, 2003)
La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea ( Centro Editor de la Diputación de Málaga, 2007)
Port Trakl ( edición español-inglés, Action Books, U.S.A, 2008)
Relatos Mapuches ( Fucoa- Programa Orígenes, edición ilustrada, 2008)
Los Cantos Ocultos, poesía indígena latinoamericana actual (Lom , Ediciones, 2008)
Reducciones ( poesía, 2008)
Poemas de su autoría se han editado en una veintena de antologías publicadas en Chile, México, España,Argentina, Holanda, Alemania, U.S.A, Colombia y Brasil.
Parte de su trabajo poético ha sido traducido al inglés, alemán, portugués, italiano, croata, catalán, polaco y holandés.
Es director de las revista Pewma ( poesía) y Ulmapu, Literatura y arte indígena.
El año 1999 ganó el concurso nacional de poesía El Joven Neruda organizado por la Municipalidad de Temuco, el 2003 recibió el premio de poesía Pablo Neruda otorgado por la Fundación homónima y el 2005 la beca de la Fundación Guggenheim.
En la actualidad realiza el curso Memoria, mito y comunidad en la poesía mapuche contemporánea en la Universidad Diego Portales.