45 días y 30 marineros (Norah Lange) Interzona



¡Pero el agua...el agua...! Realidad vidente, cotidiana, magnífica del agua. Primera sensación del oleaje, primera realización inmediata y heroica de un horizonte de agua; el agua profunda, espesa, movida, miedosa, desmayada. El agua...el agua...
Y el mar le detiene los ojos, durante esos dos primeros días. El mar que se sube a los libros, a los ojos, a las palabras. El viento la despeina y le adhiere la pollera a sus piernas bien visibles. Se acuesta al sol, sobre las bodegas de carga, y el calor, adormeciéndola, la sitúa en sueños irreales donde ella está siempre sola.
Los ojos de los hombres, al pasar, la desnudan del sol y del viento, y comienzan a llevarla, cada uno, en su sueño de soledad compartida.


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